Hay una corriente que defiende que el origen de soplar las velas se encuentra en la Antigua Grecia, donde se tenía la costumbre de ofrecer unos dulces redondos a Artemisa, la diosa de la Luna, representando el ciclo lunar. Sobre estos dulces, se colocaban unas velas encendidas para que los adeptos las apagasen y que el humo llegase al cielo y poder contactar así con la diosa. También, pedían un deseo para que el humo se lo transportara y se lo hiciese llegar a Artemisa.
También, otras leyendas cuentan que un círculo de velas formaba parte de un ritual para protegerse de los malos espíritus durante un año: el fuego y la luz representaban la vida y, por lo tanto, tener velas en la tarta de cumpleaños simboliza un llamamiento a la continuación de la vida.
Cuando el cristianismo se propagó, el cumpleaños y sus celebraciones se consideraron celebraciones paganas ya que la costumbre cristiana era celebrar los días de la muerte de los santos y no su nacimiento. Pero esta prohibición se fue disminuyendo con la celebración de la Navidad, y la gente reanudó la tradición tanto de festejar cumpleaños como de soplar las velas.
Y tú, ¿qué deseos pides cuando soplas las velas? Tranquilo/a, que no nos chivaremos.